El Atleti busca redención en San Siro

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Cuando el avión del Atlético aterrizó ayer por la tarde en el aeropuerto de Malpensa, a Simeone se le agarraron un puñado de recuerdos al mirar por la ventana. Durante muchos años, a aquello que veía tras el cristal lo llamó casa. Llegó en la 97-98, vivió en la Vía Ippodromo, a cinco minutos a pie de San Siro, en una urbanización cuyos números impares los ocupaban los futbolistas del Inter, su equipo, y los pares, los jugadores del Milán, separados por la piscina y las zonas comunes, comía a menudo en un restaurante brasileño llamado Picanhas y se escapaba al Lago di Como, a 84 kilómetros, siempre que podía.

Solo fueron dos años. Dos años tras el Sevilla y el Atleti con el que ganó el doblete que suponían su vuelta al país: su primera vez había sido en Pisa en 1990 (hasta 1992), su puerta a Europa, desde Argentina, Racing. Italia le caló ya entonces tan profundo que se palpa en los nombres de sus tres primeros hijos, fruto de su primer matrimonio, con la modelo argentina Carolina Baldini: Giovanni (1995), Gianluca (1998) y Giuliano (2001).

La final perdida en San Siro en 2016

Simeone estaba de vuelta a Milán después de la final perdida ante el Madrid en 2016 y el partido de fase de grupos ante el Milán de la 21-22 (1-2). De vuelta para encarar lo que ordenó la caprichosa bolita del sorteo de octavos (sigue el partido en directo en As.com). Al Atleti, primero de grupo, le tocó uno de los cocos que habitaban en el Bombo 2. El Inter. Un rival que siempre quemará al Cholo de forma particular, por los recuerdos y el pasado, y lo hace en la hierba con Inzaghi, con quien Simeone, por cierto, coincidió en etapa en la Lazio (1999-2003).

El Inter llega a esta ida de octavos en el mejor momento de su temporada y uno de los mejores de su historia. Intenso, hecho, sólido. Domina la Serie A sin rival (nueve puntos con un partido menos sobre la Juve, 2º), ganó la Supercopa de Italia, suma ocho victorias consecutivas y solo una derrota en los últimos 13 partidos de Champions. Fue en la última final. Ante el City de Guardiola, campeón (1-0). Un Inter que ha encontrado en Lautaro, viejo objeto de deseo rojiblanco, un casi en 2018 cuando pasó reconocimiento en Madrid y firmó contrato para terminar eligiendo el Inter, un líder en el gol (23 goles y cinco asistencias en 31 partidos) y, en Marcus Thuram, deseo rojiblanco también dos veranos, su mejor Sancho Panza (12 goles y 11 asistencias en 33 partidos).

Pero es que allá donde se mire, línea a línea, hay piezas que engrasan este equipo que funciona como máquina perfecta. Çalhanoglu, eje de la medular, garantiza calidad y fuerza. Barella, todo el dinamismo del viejo arquetipo del centrocampista italiano pero con buen pie. En las bandas, Dimarco y Darmian. En el banquillo, viejos rockeros como Alexis Sánchez. Un proyecto levantado sobre las ventas. Desprenderse de futbolistas importantes como Lukaku u Onana e invertir con cabeza y tino. El resultado es un equipo más fuerte y sólido. El único lunar de Inzaghi, con un recorrido sin apenas mácula en su año y medio al frente del equipo, fue en diciembre en la Copa de Italia, cuando cayó en octavos frente al Bolonia de Motta (1-2). Pero es el equipo de las grandes ligas que más porterías a cero acumula (15). Y el que más marca a la contra (8).

Atención en los centros laterales

Atencióóón”. La voz del Cholo insistía una y otra vez en cada centro lateral, cuando la pelota volaba ayer por la mañana en el Cerro. Guarecerse en estos. Salvar la ropa. Nadar. El plan, como en otras Champions ante los cocos que todos temían (Barça en 2014, Juventus en 2018, Liverpool en 2020, City en 2021) fue orden, solidez y partidos a 180 minutos. La vuelta en el Metropolitano, donde el Atleti ha encadenado 28 partidos sin derrota, alienta. Pero el Atleti debe llegar vivo a ese partido. Debe salir vivo de esta noche. “Si salimos con una propuesta y morimos con ella estaremos más cerca de ganar a los grandes”, asumía ayer Koke en la sala de prensa. “Hay que estar a la altura del partido”, asumía. “Hay momentos en que puedes jugar bien y otros que tienes que sufrir”, añadía. El pensamiento del capitán era ayer un mantra compartido en ese avión en el que viajaba el Cholo y aterrizaba en Malpensa. Que el Inter es un hueso pero, claro, que el Atleti también. Simeone ha superado en un 75% de las veces las eliminatorias a doble partido. Su primer partido de Champions como entrenador del Atlético fue en San Siro, de hecho, ante el Milan en la 2012-13, su primera temporada completa. La ciudad de Milán siempre tirando de los pies del destino del entrenador.

El Atleti suma ya 17 goles en esta Champions, en solo la fase de grupos, su segunda mejor marca en el torneo por detrás de la que hizo en la 13-14, cuando jugó la final de Lisboa, con 26. Griezmann, que descansó (¡al fin!) ante Las Palmas para tener resuello esta noche, ha hecho cinco (son 18 en total, con siete asistencias), Morata, otros tantos (19 y tres). Un Morata que se subió a ese avión a pesar del esguince en el ligamento de la rodilla sufrido hace ocho días. No está para ser titular, pero al menos sí estará allí. El acompañante de Grizi emergió en Las Palmas. Ese Llorente que juega de todo (este año ya de lateral, pivote e interior) y regresó a la delantera para triturar con su zancada (dos disparos, dos goles), como en la 20-21 del título de Liga, como aquella noche para siempre en Anfield. Regresan también Witsel, De Paul y Hermoso. Memphis esperará turno en el banco. Simeone saldrá con todo. Eso no ha cambiado con los años. Siempre se vacía, dándose por completo. Lo hacía como jugador. Milán sabe desde la Vía Ippodromo. Como entrenador también.

Líderes
Recuperaciones de posesión

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About the Author: Muhammad Idham